Abstract:
Este trabajo tiene como objetivo analizar la política monetaria y cambiaria en la
Argentina entre finales del siglo XIX y principios del XX, centrándose en dos
instituciones fundamentales: la Oficina de Cambios (1867–1875) y la Caja de Conversión
(1899–1930). Ambas experiencias se abordan desde un enfoque estructuralista y clásico
que considera al régimen monetario no como una herramienta técnica neutral, sino como
un dispositivo atravesado por relaciones de poder, conflictos distributivos y estructuras
sociales específicas.
La investigación se apoya en una revisión bibliográfica amplia que incluye a autores
como Feldman, Vernengo, Pérez Caldentey, Di Tella, Platt, Ford, Eichengreen, entre
otros. Se incorporan también elementos del pensamiento clásico y estructuralista
latinoamericano (Prebisch, Furtado, Diamand), permitiendo comprender cómo el tipo de
cambio, la emisión monetaria y la convertibilidad han sido históricamente variables en
disputa entre sectores sociales con intereses divergentes.
En un primer momento, el trabajo contextualiza el escenario internacional del
período, dominado por la hegemonía británica y el sistema del Patrón Oro. La libra
esterlina operaba como moneda global de referencia, y los países periféricos, como la
Argentina, intentaban integrarse a ese sistema mediante mecanismos que subordinaban
su política monetaria a la acumulación de reservas en oro. En este marco, la Oficina de
Cambios fue el primer intento de consolidar un régimen de convertibilidad para
estabilizar la moneda y facilitar el comercio internacional, aunque su vida institucional
fue breve debido a la dependencia de los flujos de capital externo y la vulnerabilidad
frente a crisis globales como la de 1873.
Más adelante, la Caja de Conversión formalizó un régimen de convertibilidad más
duradero y estructurado. Durante su etapa de estabilidad, entre 1899 y 1914, permitió
consolidar el modelo agroexportador, atraer inversiones extranjeras y reducir la
volatilidad cambiaria. Sin embargo, este régimen implicó una fuerte rigidez monetaria y
una subordinación a los ciclos internacionales que limitó las posibilidades de respuesta
del Estado ante crisis. La Primera Guerra Mundial y luego la crisis del 1929 evidenciaron
estas limitaciones y precipitaron su colapso.
El trabajo subraya que tanto la Oficina de Cambios como la Caja de Conversión
respondieron a una estructura económica dependiente, basada en el predominio de los
sectores agroexportadores y financieros. Estos sectores impulsaron regímenes que les
aseguraran previsibilidad y resguardo de valor, aunque a costa de una menor capacidad
estatal para implementar políticas expansivas o redistributivas. La estabilidad obtenida
era funcional a sus intereses, pero dejaba sin herramientas al Estado frente a shocks
externos, recayendo los costos de las crisis sobre los sectores asalariados y productivos.
A través del estudio de estas instituciones, se observa cómo la política monetaria y
cambiaria en la Argentina ha sido históricamente un campo de disputa por la apropiación
del excedente. En ese sentido, el trabajo establece un vínculo conceptual entre estos
episodios históricos y problemáticas contemporáneas, especialmente la dolarización de
excedentes líquidos. Esta última, lejos de ser un fenómeno reciente, puede leerse como
una continuidad de una trayectoria histórica de subordinación financiera y de conflictos
irresueltos en torno al tipo de cambio, el ahorro en moneda extranjera y la restricción
externa.
En definitiva, el trabajo aporta una mirada de largo plazo sobre la política monetaria
argentina y propone pensar los desafíos actuales desde una perspectiva histórica.
Comprender las limitaciones estructurales de los regímenes de convertibilidad y su
impacto social permite repensar el diseño de instituciones económicas que consideren las
tensiones distributivas y promuevan un desarrollo más equilibrado y soberano