Abstract:
La presente tesina analiza el rol del gas natural como posible vector de relevancia para la
transición energética en Argentina, en el marco del desarrollo sostenible, evaluando sus
ventajas y desventajas competitivas frente a fuentes renovables como la energía solar
fotovoltaica y la eólica. Actualmente, el gas natural con un 56% de participación es la principal
fuente de energía en la matriz argentina, cuyo dominio ejerce desde hace treinta años, luego
de haber desplazado al petróleo en la última transición energética nacional.
A partir del 2011, se comprobó la existencia de enormes recursos hidrocarburíferos no
convencionales en la Formación Vaca Muerta de la Cuenca Neuquina que aseguran el
abastecimiento de la demanda interna de gas por décadas como también su exportación por
gasoducto a los países vecinos o vía GNL a puntos muy distantes.
Sin embargo, el gas junto con las otras fuentes de energía fósil, el petróleo y el carbón, son
responsables de buena parte de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que
aumentan el forzamiento radiativo que conduce al calentamiento del planeta.
Existe un esfuerzo de la comunidad internacional por alcanzar el objetivo de emisiones
cero netas de gases de efecto invernadero hacia 2050 para detener el alza de la temperatura
promedio de la Tierra e impedir que se desaten procesos irreversibles que pondrían en riesgo
la vida tal como la conocemos.
En función de ello y por medio de acuerdos como el de París, se propicia un proceso de
transición energética hacia fuentes bajas en carbono como la solar fotovoltaica y la eólica que
conduzcan al desplazamiento definitivo de los combustibles fósiles.
Estudios recientes han demostrado que el gas natural, al que se había considerado hace
poco tiempo como un combustible “puente” para la transición, en su ciclo de vida completo
libera tantos gases de efecto invernadero (GEI) como el carbón, hasta superarlo bajo ciertas
condiciones, como cuando es licuado para su transporte como GNL.
El marco nacional en el que se desarrollan estos acontecimientos es de dependencia
tecnológica y financiera, inestabilidad institucional y macroeconómica, con una deuda externa
asfixiante, a la vez una situación social que denota una gran inequidad en el desarrollo
territorial, altos niveles de pobreza e indigencia y una necesidad imperiosa de alcanzar una
balanza comercial superavitaria que permita superar estas condiciones que constituyen una
barrera al desarrollo armónico del país.
El avance tecnológico en la industria petrolera permite actualmente considerar la extracción
de los recursos no convencionales, que, si bien ya habían sido descubiertos con anterioridad,
no habían podido ser aprovechados hasta que se puso en práctica la técnica de la fractura
hidráulica o fracking.
Sin embargo, esta ventana de oportunidad de convertir esos recursos en energía y divisas
coincide temporalmente con la necesidad urgente a nivel planetario de realizar una transición
energética hacia fuentes bajas en carbono, y, por otra parte, estudios numerosos han llegado
a la conclusión categórica de que el fracking no puede ser practicado de una forma que no
implique una amenaza para la salud humana.
Se añade a lo anterior la incertidumbre acerca de qué velocidad tomará el proceso de
transición a nivel de los países: si se produce lentamente sería viable, desde una perspectiva
económica, el plan de exportación de gas tal como se está proyectando, caso contrario las
cuantiosas inversiones necesarias para poner en marcha el complejo exportador podrían
resultar activos varados ante la caída abrupta de la demanda mundial.
Como contrapartida el despliegue territorial de las energías renovables posibilitaría el
cumplimiento del trilema energético, haciendo equilibrio entre sus tres objetivos estratégicos:
garantizar un suministro energético competitivo (seguridad energética), facilitar el acceso
universal a la energía (equidad social) y promover la protección ambiental (mitigación del
impacto ambiental).
Se pone en evidencia en este trabajo la incompatibilidad de los compromisos asumidos por
el país frente a la comunidad internacional en materia climática, las políticas públicas en
materia energética y las acciones de gobierno desplegadas y proyectadas. Numerosas
organizaciones dan cuenta de ello.
A su vez, el llamado bloqueo de carbono, entendido como la suma de la tendencia que
marca el devenir histórico tecnológico, los hábitos sociales colectivos en cuanto al uso de la
energía y el poderoso lobby empresarial de los hidrocarburos, conducen a una inercia que
tiende a cristalizar el proceso de transición energética.
Adicionalmente, en el contexto mundial se percibe un resurgimiento de la negación del
origen antropogénico del cambio climático en las voces de algunos personajes relevantes de
la geopolítica, que, amenazando con retirarse de los acuerdos internacionales, ponen en
jaque un objetivo de por sí muy difícil de alcanzar: la neutralidad de emisiones al 2050.
Se concluye que considerar al gas como el combustible puente de la transición es un
argumento falaz para darle continuidad a la hegemonía energética de los combustibles fósiles
y a sus promotores. El desarrollo sostenible del país implica desembarazarse de lo viejo e
ingresar a una nueva etapa signada por la justicia energética en la que las energías
renovables deberán jugar un papel central.
La metodología de investigación empleada es de tipo cualitativa y se integran datos
cuantitativos de fuentes oficiales para respaldar los objetivos formulados. Para alcanzar los
objetivos específicos se realiza una búsqueda bibliográfica y recopilación de información de
fuentes de datos secundarias. Estas fuentes incluyen documentos oficiales, publicaciones
científicas e informes oficiales y de Organizaciones No Gubernamentales.